¿Qué?


¿Qué puede ser del prado
sin toda la hemorragia de amapolas
cuando le llueva abril?
 ¿Y qué se hará del aire sin los pájaros,
sin el atesorar de brisa
que sustenta las plumas?
¿Qué ocurrirá si el agua
no apacienta metálicos
los rebaños de peces en sus ondas?
Así  mismo me pienso
sin la torpe premura de mis libros
en tu voz nocturna,
saber que lo que ya no es hoy jamás será,
dormirme sin tus sueños en escorzo
y dibujar ya nunca
la asimetría perfecta del abrazo
en la sábana yerma. 
Y en esta despiadada toma de conciencia
vuelvo sin armas yo
al acecho convulso del recuerdo
y cierro la ventana
para que no entre el sol del abandono.