Reclamar el derecho
a no ser princesa,
ni guerrera,
a ser piltrafa
desganada de duelos y batallas,
a no ser,
a dejarse caer, a desistirse.
Derecho a la renuncia inexplicable
y a la ausencia de ganas
y al letargo.
Reclamar el derecho
a no encajar tampoco
en los descartes,
a no hacer más reclamaciones,
ni admitirlas.
Sencillamente estar
hasta dejar de hacerlo.
Irse
sin que cada latido
requiera explicaciones o permisos
ni oleadas de voces entusiastas.
Es también tiempo de nada.
Todo
ese
tiempo