Ya

Abandonan sus nidos
las aves que te habitaban el rostro
y el jolgorio marrón de los gorriones
no aletea debajo de tus cejas.
Tan solo un insondable mar en calma
va extinguiendo salobre
la mirada severa.

Te despides
sin adioses que agiten ya la mano,
sin palabras
que guardar
en un cajón secreto,
te terminas
cansadamente,
pausadamente,
calladamente,
callada
mente
y ya.