Se opacaba el azul entre tus párpados
y tú ya no eras tú cuando aquí estabas.
Se cerraban tus puertas al verbo conjugado,
pero seguías
entre los edredones y el pijama de felpa,
aún estabas
sabor a greda y sol en la terraza.
Luego
ya no pude encontrarte en el recuerdo,
evocando el punzante olor a grama,
el crujiente tomillo en los cajones,
ni leerte al mirar tu torso escaso
envuelto en mis toallas.
Ya no eras.
Aún estabas aquí
y ya quedabas lejos de todos mis alcances...
Se hizo turbia la luz del mediodía
y la tuya del porche que aromaba las siestas
agostaba en silencio
su erguida longitud de centinela.
Ya no pude tocarte con los dedos de niña.
Ahora muerdo con rabia las últimas preguntas,
las que no quise hacerte
por si en alguna noche
se terciaba abrazarte para dormir en calma
y me acuerdo de ti con un dolor agreste,
como la tosquedad de tu caricia
cuando aún sabía a padre.
Santa Olalla Octubre 2011